El silfio crecía en una franja estrecha de costa cerca de Cirene, en la actual Libia, y no podía cultivarse — todo intento fracasó. Se usó en todo el Mediterráneo antiguo como anticonceptivo y abortivo, se comerciaba al peso contra plata y se acuñó en las monedas de Cirene durante siglos.
Plinio el Viejo relata que en su época había pasado años desde el hallazgo de un solo tallo, y que este fue enviado al emperador Nerón como curiosidad. La planta se considera generalmente la primera especie documentada como recolectada hasta la extinción, y nunca se ha identificado con certeza un ejemplar vivo.